El miedo real de contratar un proyecto de software no es que salga caro. Es pagar y quedarse esperando, sin saber si avanza, hasta que un día llega algo que no es lo que se pidió.
Ese miedo es razonable y la única forma de responderlo es siendo específico. Lo que sigue es cómo trabajamos, etapa por etapa, con lo que recibes en cada una y lo que necesitamos de tu lado.
Si estás comparando propuestas, esto también sirve como referencia de qué preguntarle a cualquiera.
La llamada de descubrimiento
Dura treinta minutos, es gratuita y no tiene compromiso. Su único objetivo es entender si hay un problema que valga la pena resolver con software.
Preguntamos qué hace hoy tu equipo a mano, con qué sistemas tendría que hablar lo que se construya, quién decide cuando hay que decidir, y qué pasa si no se hace nada. Esa última pregunta es la que más ordena: si la respuesta es "nada grave", probablemente no sea el momento.
Qué te llevas aunque no contrates. Una opinión concreta sobre si tu caso es de construir, de comprar producto hecho o de arreglar el proceso primero. Si es de las dos últimas, lo decimos en la llamada y ahí termina. No es generosidad: un proyecto que arranca sin encaje termina mal para los dos.
De la conversación a un alcance escrito
Si hay encaje, lo siguiente es una propuesta escrita. No un correo con un número: un documento que puedes poner al lado de otro y leer línea por línea.
Lleva el alcance con lo que queda dentro y lo que queda fuera, los entregables, el plazo, la inversión, la política de revisiones con el número de rondas, y qué pasa si el alcance cambia a mitad del proyecto. Ese último punto se define antes, no cuando ocurre, porque ocurre.
Toma unos días y casi siempre necesita una segunda conversación, porque escribir el alcance es donde aparecen las preguntas que la primera llamada no llegó a hacer.
Kickoff y planificación
Antes de escribir código se define cómo va a trabajar el proyecto: en qué herramienta vive el plan, con qué cadencia hay demos, por dónde se comunica el día a día, y quién es el punto de contacto de cada lado.
Suena a burocracia y es lo contrario. Un proyecto sin esto acordado gasta las primeras dos semanas descubriéndolo, y las descubre mal.
Ejecución por incrementos verificables
Esta es la decisión de fondo, y es la que responde el miedo del principio.
No entregamos al final. Entregamos en pedazos que puedes ver funcionando, con demos cada una o dos semanas, y con el código en un repositorio compartido desde el primer día. No es un gesto de transparencia: es control. Un proyecto que solo se ve al final te obliga a confiar durante meses y a aceptar lo que llegue.
Cuando ves un incremento cada dos semanas pasan dos cosas buenas. Las correcciones cuestan poco, porque llegan cuando lo construido es reciente. Y descubres pronto lo que solo se descubre usando la cosa, que suele ser distinto de lo que pediste.
Antes de que algo llegue a producción pasa por revisión de código, pruebas del flujo completo y una validación tuya de que hace lo que tenía que hacer. Los tres son gates, no formalidades: si uno no pasa, no sube.
Si quieres ver este proceso descrito con sus tiempos, está en nuestra página de proceso. Y si prefieres revisarlo contra tu caso concreto, eso cabe en media hora.
Entrega y handoff
Al cerrar recibes todo, y "todo" tiene lista:
- El código, en un repositorio a tu nombre.
- La infraestructura a tu nombre: hosting, dominio, base de datos, accesos administrativos. Es lo que más se olvida y lo que más caro sale después.
- La documentación: modelo de datos, decisiones de arquitectura, procedimiento de despliegue.
- Los assets de diseño, editables.
- Una sesión de capacitación con tu equipo, con la persona que construyó el sistema y no con un soporte genérico.
Un sistema que tu equipo no sabe usar no está entregado, así que la capacitación no es opcional ni es un video.
Los treinta días después
Después de la entrega hay treinta días de soporte incluidos por defecto. Cubren errores, ajustes menores y preguntas, por el mismo canal y con la misma persona del proyecto. No es un plan que se cotiza aparte: viene incluido, y nuestro compromiso de respuesta es de tres horas hábiles.
Lo que no cubre es funcionalidad nueva. Esa es evolución y se acuerda por separado, con un retainer, por proyecto o por bolsa de horas, según lo que te sirva.
Lo que necesitamos de tu lado
Esta es la parte que casi ninguna propuesta escribe y que explica la mayoría de los atrasos.
Un punto de contacto único con autoridad para decidir. No un comité. Alguien que pueda responder "sí, así" en dos días y no en dos semanas.
Disponibilidad para decidir. Un proyecto genera decisiones pequeñas cada semana. Cuando se acumulan sin respuesta, el equipo se detiene o adivina, y adivinar sale caro.
Acceso a la información que ya tienes. Tus datos actuales, tus reglas reales, tus casos raros. Especialmente los casos raros: son los que rompen un sistema y los que nadie menciona en la primera reunión.
Lo decimos con nombre porque es cierto: los proyectos se atrasan por decisiones pendientes mucho más que por dificultad técnica. Cuando un proyecto nuestro se ha estirado, casi siempre fue por ahí.
Cuándo este proceso no es para ti
Si necesitas algo funcionando la semana que viene, esto no te sirve. Un proceso con alcance escrito y demos quincenales no comprime a siete días, y quien te diga que sí te va a entregar algo sin probar.
Si tu proceso todavía está cambiando cada mes, tampoco. Escribir un alcance sobre algo que no está decidido es escribir ficción, y lo que hace falta antes es ordenar el proceso.
Y si el problema resulta ser que sobran herramientas en vez de faltar, eso es otra conversación, y la tenemos en cuándo no necesitas software. Todo lo que hacemos está en servicios, y las preguntas con las que puedes evaluar este mismo proceso están en doce preguntas antes de contratar una agencia.
La llamada de descubrimiento dura treinta minutos, es gratuita y sin compromiso, y sirve tanto para arrancar como para descartar. Puedes agendarla aquí.
¿Esto aplica en tu empresa?
30 minutos, sin compromiso, para revisar tu caso y decidir si hay algo que construir.